Plan “Da Dignidad” sacó de las calles y carreteras del país a 8.000 mendigos

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Josué y Alejandro, ambos de 8 años de edad, son amigos inseparables. No recuerdan bien hace cuánto se conocieron, pero lo que sí tienen muy presente son todos los momentos buenos y malos que han vivido juntos.

Momentos malos como los días en que salían a las calles de Guayaquil, Milagro o su natal Durán a pedir caridad en los buses o a los transeúntes. “Había días que no comíamos y que nos tocaba quedarnos a dormir afuera de un mall, porque no teníamos cómo regresar a la casa tan tarde”, cuenta Alejandro.
Pero desde hace unos meses, esas historias son parte del pasado y hoy ambos, han empezado a compartir mejores momentos con el Programa para la Erradicación de la Mendicidad-Da Dignidad que ejecuta el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) en 16 provincias del país, entre ellas Guayas.

A nivel nacional, algo más de 8.000 niños, niñas, adolescentes, discapacitados y adultos mayores, han sido sacados de la mendicidad y reinsertados a la sociedad.

“En el 2007, cuando empezó el programa Da Dignidad, en este Gobierno de la Revolución Ciudadana, existían alrededor de 10.000 personas que pedían caridad en las calles. Hoy, más de 8 mil han salido de la mendicidad. Nuestra meta es ni un solo mendigo en las calles”, sostuvo Tamara Merizalde, directoral nacional del MIES-INFA.

En Guayas, la provincia más poblada del Ecuador, el proyecto se ejecuta en los cantones Guayaquil, Durán y Playas, donde se atiende a 748 niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad, de los cuales 78 permanecen en situación permanente de mendicidad, pero que ahora ya están insertas en el programa de atención integral para abandonar esa práctica.

A través de la coordinación interinstitucional, esta ellos reciben atención en salud, registro de identidad, Bono de Desarrollo Humano. “Los niños son reinsertados en el sistema educativo y los adultos, en actividades productivas”, refiere Maribel Ruiz, directora del MIES-INFA de Guayas.

Una parte fundamental del programa es la atención psicológica y social y la sensibilización a la persona hallada en calle y sus familias. “La mendicidad es vista como una forma de vida, en la que no se miden los riesgos ni las consecuencias”, explica María Oña, técnica del programa.

Ella indica que el mayor efecto de esta práctica es la pérdida de la autoestima, que se manifiesta en el descuido del aspecto personal y el desinterés por el futuro, ‘en especial de los niños, que dejan de soñar y ven truncadas sus esperanzas de ser un profesional”.

Frente a ello, en el programa se trabaja con las familias en jornadas de formación sobre derechos, cultura del buen trato y proyectos de vida, a los que se suman actividades recreativas y culturales como talleres de manualidades, música y también agasajos, paseos a sitios turísticos, etcétera.

“Nuestro objetivo es que en las personas recuperen su valor por ellas mismas a través de estas actividades, que se den cuenta de que son seres productivos y creativos y que no necesitan causar pena para poder salir adelante”, resalta la técnica.

Además, el plan Da Dignidad, durante todo el año busca recoger donaciones para los beneficiarios. En diciembre se intensifica la campaña de recolección de regalos en los principales centros comerciales de Guayaquil, Quito y Cuenca y en los establecimientos educativos secundarios y superiores de todo el país.

Raquel González, coordinadora zonal del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), reiteró su llamado a la ciudadanía a no dar dinero y regalos en las vías, para evitar que niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad salgan a mendigar poniendo en riesgo sus vidas, en especial los días 22, 23, 24, 25 y 31 de diciembre, que tradicionalmente son las fechas en que la problemática repunta.

Mientras tanto, Josué y Alejandro, seguirán formando parte de los talleres de dibujo que se imparten a unos 15 niños y niñas del programa Da Dignidad en Durán. Ahí, entre témperas, crayones y plastilina van plasmando las ilusiones que han recuperado y lo que para ellos ahora significa la Navidad.
“Para mí esta fiesta es linda para pasarla con mi familia y amigos, tener regalos y comer rico”, sostuvo Alejando. “Pero en la casa, ya no en la calle”, completa Josué, mientras van llenando de colores las hojas en las que cada uno dibujó su corazón.

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